Siempre he pensado mucho, de tal manera que no
recuerdo cuando fue la primera vez que descubrí el gran potencial que tenía mi
mente. Podía crear mi propio universo, mis reglas y ser mi propio jefe. Yo
amaba tener ese poder sobre mi misma, mis ideas y mente. Al principio todo
comenzó cuando me alejaba de las personas, de mi familia en lo particular. Pues
hacían cosas que me parecían sin sentido. Cuando era niña ellos veía programas
de televisión tontos y ridículos, me parecía que no eran en absoluto divertido
y sus chistes ninguna veces me hacían reír. No me iba a quedar a ver y perder
mi tiempo en esos asuntos. Por lo cuál siempre acudía a mi pieza a hacer algo
más valioso. Desde esos momentos siempre estaba sola, en mi mundo e ideas. Las
personas me parecían algunas muy simples e insignificantes, sobre todo las que
no hablaban bien. Aquellas que decían las palabras mochas, las que pronunciaban
mal o que distorsionaban el lenguaje. Esas personas para mi no valían nada e
incluso me chocaban. Por alguna extraña razón de niña creía que las
limitaciones del lenguaje de una persona representa los límites de su
intelecto, de su mundo. Por todos esas cosas prefería estar sola, pues el mundo
me desagradaba. Imaginaba un mundo mejor sin todas esas cosas que me
desagradaban. No podía entender como todos vivían sumergidos en tantos sin
sentidos. Cuando los miembros de mi familia se reunían todos los primos
convivían menos yo. Sólo pensaba, de tal modo que no me hacía participe de sus
actividades. No entendía sus expresiones, sus palabras o sus chistes sin
sentido. Para mi era como si se expresaran en otro idioma. Seguía pensando,
creando un sin fin de cosas que de momento satisfacían mi vida. Crecí siempre sola, a veces hablaba con personas, sin embargo hasta el día de
ahora sólo he podido tener un lazo significativo con una persona externa a mi y
creo que es mi única amistad.
No comprendo el afán de los demás el ser iguales o ser
aceptados, pues aunque siempre he sido una persona solitaria y rechazada no hay
cosas que más deteste en la vida que ser igual a otros. Si todos hemos sido
creados especiales, siempre terminan siendo simples.
Creo soy más tolerante con los demás, aunque la
mayoría actúe como niños y rara vez usen su razón, ya no desprecio a la gente
por su lenguaje, ahora simplemente la ignoro.