martes, 17 de mayo de 2022

Día 5

Tepic Nayarit, Lunes 16 de febrero de 2009

Después de un tranquilo domingo estaba lista para iniciar el trabajo semanal. Desperté muy temprano, pensando en la melodía Les oiseaux dans la charmille de Jacques Offenbach; la cual me parecía muy divertida interpretar, sobre todo en esa mañana fresca. Aunque no tuve tiempo de interpretarla, debía de irme lo antes posible a la universidad.

No perdí la oportunidad de observar las novedades del día, mis ojos eran hábiles para ver con discreción. No podía darme el lujo de no conocer esos detalles para mis nuevos lienzos.

Cuando me acercaba a la universidad me encontré con Marina, casi chocó con ella por estar viendo a mis alrededores; pero me detuve a tiempo. La saludé con amabilidad para seguir el camino al aula de armonía. Ella es una de las mejores amigas de Martín, una maravillosa pianista, todos la admiraban.

Antes de llegar al salón observé a Martín, estaba sentado afuera, leía un libro como era su costumbre. Me acerqué para saludarlo y conversar un poco. Fue un agradable momento, sin embargo, desde ese día tome la decisión de no volver a hablar más con él. No soy del tipo de persona que está detrás de otros, no era mi estilo rogar por atención.

 Necesitaba saber que era agradable para él, no solo que el me contestará por cortesía.
No volví a acercarme a él, tampoco lo observé, aunque me gustaba mucho, viví como si no existiera.

Es un asunto serio, tal vez tendremos que realizar un examen detallado, sólo así podemos ver qué tan bien conocemos a los demás. Aún cuando pasemos tiempo con los otros, será difícil poder introducirnos por completo en su mundo; así que con esa pequeña charla no podré conocer lo que el piense de mí.

Si algún día nos colocan en el mismo espacio, estoy segura nos vamos a llevar bien, no el destino nos dará ese momento, sin que haga nada, si es adecuado para mí vendrá.

                                   Camila Calderón

Día 4

Tepic Nayarit, Domingo 15 de febrero de 2009

Los domingos todo es diferente, las actividades se van ralentizando, como si no importara el mañana. Despertaba sentándome al borde de mi cama, contemplando las últimas imágenes de mis sueños; tratando de encontrar un significado lógico entre tanta confusión. Rara vez lo conseguía, pues a veces sólo eran rompecabezas, piezas sueltas que olvidaba a lo largo del día.

No podían faltar mis canciones matutinas, que al cantarlas despertaban el positivismo del nuevo día. Aunque no era un día inspirador para el trabajo; nos relajamos en divagar de un lado a otro sin descanso.
Desayuné tarde, como era fiel a mi costumbre, para después ponerme a pintar en la terraza. Olvidaba contar el tiempo, los minutos corrían libres frente a mis ojos; no tenía un motivo alguno para prestarles atención.

Tampoco tuve deseos de salir, aunque las chicas insistieron mucho en ir al centro comercial; no era mi intención caminar entre el tumulto de aquel lugar.

La soledad me reafirmaba quien era, pues con el silencio que me rodeaba, al fin podría escucharme y saber cómo me encontraba.
Aún así no pude quedarme en casa, por la tarde salí a caminar. El mundo siempre estaba en movimiento, no podía ser un ser inmóvil, perdiendo me de toda la diversión del momento.

No perdí el tiempo, así que de inmediato, observé más expresiones faciales de las personas a mis alrededores. Así conseguiría nuevo material para mis trabajos. En esa ocasión, me fue imposible ignorar a las parejas; observé sus miradas, tratando de descifrar si sus sentimientos eran genuinos, o solo estaban juntos por algún interés, o sólo por no pasar a solas los días.

A veces el temor a estar solos, no nos permite conocernos a nosotros mismos. Nos hace pensar que sentimos algo por los demás cuando no es así.

Después de unos momentos paseando, terminé sentada en una banca dibujando las expresiones de ese peculiar domingo.

                                     Camila Calderón

Día 3

Tepic Nayarit, 14 de febrero de 2009

Sábado era sinónimo de dormir, era uno de los pocos días de la semana que no tenía que madrugar. Me levantaba con calma, después me sentaba al borde de mi cama a escuchar las dulces melodías que sonaban en mis pensamientos. No sabía decir cuánto tiempo pasaba, porque después observaba algún rincón de mi habitación, que me invitaba a dibujar algún recuerdo.

A veces cantaba, melodías que surgían espontáneamente relatando mis emociones del día, en fin era un momento relajante.
Esa mañana recibí un mensaje de mi amiga Berenice; así también de Mariela y Paulina. Era un día de fiesta, una celebración que no veía el caso festejar. Sin embargo, no dejaba de preguntarme ¿Con quién estará Martín en estos momentos?

Rechacé su invitación para ir a comer sushi, no tenía ganas de ver a toda ese gente, que gasta sus ahorros en regalos que no tenían gran utilidad. Cualquier día era bueno para salir con ellas, no necesitaba que alguien me pusiera un momento especial. Tampoco deseaba ser víctima del consumismo, o que me dijeran que debía de adquirir.

Aún así, tomé un lienzo en blanco para grabar una fotografía de mis amigas. Quería darles un recuerdo que perdurara, algo hecho por mis manos, que expresara mi gran aprecio.
Los años pasaban, los recuerdos se desvanecen, sólo el arte del pincel es capaz de vivir a través del tiempo.

Las chicas no se quedaron sin verme, más tarde las recibí en mi casa; entregándoles esa hermosa pintura como prueba de nuestra amistad.

Aquellas divertidos momentos los guardaré en mi corazón.

Me pregunto si Martín ¿Habrá pasado un día tan genial como el mío?

                                                  Camila Calderón