La libertad se está perdiendo de a poco, precisamente en estos momento, que tenemos la mayoría de las cosas al alcance de nuestras manos. Lentamente nos exclaviza, la fragilidad de las personas que están a nuestros alrededor. La gente está dejando se soportar, lo que no es, como ellos quieren escuchar. La gente no acepta ideas que no sean, como ellos quieren. De tal manera, que se están convirtiendo, en pequeños niños enrabietados, por lo que ellos desean.
¿Porque no puedo pensar a mi manera, sin que a alguien le incomode? Que más da, si estoy de acuerdo con un movimiento social, u otro, o si estoy en desacuerdo con un grupo social, u otro. Cuando lo que me debería de importar es lo que yo pienso, y siento de mi misma. Lo que a las personas les debería importar, es sentirse bien con ellas mismas, con sus ideas y sus sentimientos. ¿En qué me afecta si otra persona no piensa como yo? A mí no me afecta en nada ¿Porque a otros le afectaría que yo no piense como ellos? Pero ellos no piensan así, llamando ignorantes, a todas las personas que no están de acuerdo con sus movimientos. Insultando, faltando en respecto a todos los que están en su contra, como si viviéramos en una guerra mundial de ideologías y creencia.
La libertad se está perdiendo, por un mundo de frágiles maniquis, que ante cualquier soplo del viento se quebran fácilmente.