Nunca he permanecido quieta; aun cuando mis brazos y piernas parecen estar en estado de reposo, mi mente continúa moviéndose. Aunque son contadas las ocasiones en las que ellos se calman para dar paso a un estado de quietud, incluso al hacer actividades recreativas se mueven todo el tiempo. No he podido ver el televisor sin que mis manos se encuentren haciendo algún otro tipo de actividad. No sé desde qué momento he llegado a arraigar la idea en mi cabeza de que estar sin hacer nada es una pérdida de tiempo, que estar solo sentada y poner mi cuerpo en estado de reposo es algo que lamentaré, el hecho de dejar escapar esos instantes de mi existencia.
En movimiento constante, tanto que aún mientras duermo, mi mente continúa trabajando, entretejiendo cosas en lo profundo de sí misma.
No puedo permitir estar en reposo cuando existe un mundo moviéndose alrededor de mí. Debo hacer que el mundo se mueva, no que el mundo me mueva a mí. Debo tener el control sobre mí misma, elegir lo que a mí me agrade, no permitir que el mundo me mueva de tal modo que me guíe por las tendencias que sean las del momento. Tengo el control sobre mí misma, sobre mi historia.
Seré como yo desee. Aunque la mayoría de las personas sienta en su interior una gran necesidad de sentirse aceptadas por otros —que de un modo u otro forman parte de diversos colectivos sociales—, yo no soy empática la mayor parte del tiempo, no me interesa serlo. Sería como olvidarme de mi propia esencia para convertirme en una más de las que existen a mi alrededor. Pon una nota musical en esta canción, pero hazlo con seguridad y te aseguro que sonará muy bien, sea cual fuere.