Había una vez unos mellizos, una niña de nombre Samantha y su hermano Daniel. Ellos vivían con sus padres en su propia casa, hasta que un día su tía abuela se puso muy grave de salud. Cómo los hijos de la tía abuela vivían muy lejos, les pidieron a los padres de los mellizos fueran a vivir una temporada con ella para que no estuviera sola.
La tía abuela vivía en una enorme casa, sola, con la única compañía de una mujer de nombre Andrea que iba a ayudarla con las tareas básicas de limpieza y prepararle los alimentos. La casa estaba muy descuidada, por lo que les pidieron a los niños no andar paseando por las habitaciones. Pero ellos muy propio de su edad no obedecieron las reglas de sus padres. Los niños tenían por costumbre estar entrando en las habitaciones abandonadas, uno de esos días encontraron una llena de cosas viejas, sobre todo libros. A Samantha le encantaban las historias, le gustaba leer por horas, así que cuando observo tantas paginas por leer, se puso muy contenta. En esa misma habitación Daniel encontró un set de pinturas, a él le gustaba dibujar cualquier cosa que veía. Sobre todo crear nuevos personajes. Así que todos los días a escondidas entraban en esta habitación, para hacer sus pasatiempos predilectos toda la tarde.
Uno de esos días Samantha encontró un libro extraño, tenía una pasta muy bonita, de color negro, al parecer era piel, a diferencia de otros, que estaban hechos de diferente tipo de pastas, se sentía un poco extraña al tocar. No pudo evitar abrirlo de inmediato, quería saber que clase era. Pero cuando abrió las primeras páginas se dio cuenta que estaba en blanco. De inmediato se lo mostró a Daniel, quien pensó que tal vez era un diario. A Daniel se le ocurrió la idea de escribir una historia con dibujos, pensó que quedaría muy bonito. Pero Samantha también quería usarlo para escribir. Al final acordaron hacer una especie de historieta, en dónde Samantha haría los relatos y Daniel los dibujos. Todas las tardes de los siguientes días de la semana se reunían a terminar su proyecto. Hasta que al fin a los seis días lograron terminar. En esos relatos ellos contaban algunas de sus aventuras en su vida diaria, en su escuela y con sus amigos. Algo paso, al día siguiente se dieron cuenta como todo lo que habían plasmado en el libro se iba haciendo realidad. Estaban muy sorprendidos de todo lo que estaba ocurriendo y a la vez tenían mucho temor. Pero le emocionaba que lo que escribían se iba realizando, como si fuesen los dueños de su destino.
Una tarde al regresar de la escuela fueron a buscar su libro en blanco, pero no lo volvieron a encontrar en el lugar donde lo habían puesto. Regresaron a la sala de la gran casa, en ese lugar los observo su tía abuela quien les dijo: La vida es como un libro en blanco, todos los días tenemos la libertad de escribir nuestra historia, destino, según como nos parezca mas divertido.