Aunque no me lo proponga, por alguna razón, mi mente siempre capta determinadas pistas, que me hacen sentir cuando algo no está del todo bien.
O tal vez exista algo que se esté ocultando delante de mis ojos, sin embargo, logro observar las mínimas pistas de un comportamiento anormal.
Es en esos momentos, cuando en mí entra una pequeña duda, una alerta que me pone a observar cada uno de los aspectos que pueden estar ligados a ese tipo de actividades.
Al final, termino de descubrir que era verdadero lo que había sospechado. A veces sufro, después de unos minutos, unas horas al ver cómo van transcurriendo las cosas alrededor de mí. Siempre la verdad estuvo frente a mis ojos, nunca fui engañada, o tal vez, todo el tiempo estoy siendo engañada. No sé, tal vez, muchas de las ocasiones nosotros mismos formamos parte del engaño, para no aceptar que el mundo es de una manera que no lo deseamos. Quizá en nuestra forma de ser feliz exista esa manera de autoprotección, que es alejar la verdad de nuestros ojos, puesto que a nadie le gusta que las cosas no sean como quiere.
Me gusta controlar el mundo, me encanta cuando a pesar de las situaciones difíciles, las tomo en mis manos y puedo usar cada sentimiento o emoción como arma a mi favor. No me interesa manipular personas, tampoco obligar a alguien a hacer lo que a mí me guste, eso es muy aburrido, desgastante y falso. Cada persona tiene derecho a ser su propia historia. Además, si obligara a los demás de un modo u otro a hacer determinadas acciones, que a mí me agradan, solo estaría viviendo en una fantasía de la realidad, engañada todo el tiempo por algo que no es.
Aún sigo tratando de ser fuerte, aun cuando a veces, las cosas son incomprensibles para la mente de una persona, que constantemente dice cosas cuyas intenciones son buenas, sin embargo, las personas neurotípicas constantemente las toman como ofensivas, cuando mi intención inicial siempre ha sido ser amable, buena y sobre todo tolerante con todas las personas que me rodean.